La Diva de México recibe impactantes llamadas de personas que confiesan haber sido “plato de segunda mesa”, revelando historias de amantes, engaños, matrimonios ocultos y relaciones prohibidas llenas de drama, humor y emociones reales. El Diva Show Podcast: Secret Affairs, Cheating & Relationship Confessions Spanish-language talk show podcast featuring real-life relationship confessions, infidelity stories, emotional testimonies, humor, love advice and social discussions for Hispanic audiences in the United States and Latin America.
En este episodio de El Diva Show, la Diva de México abre las líneas telefónicas para hablar sobre un tema que desató confesiones inesperadas: ser “plato de segunda mesa”. Gustavo Arias comparte la historia de una relación secreta con una mujer casada cuyo esposo, tras un accidente, conocía la situación y aceptaba el acuerdo. También aparecen historias de engaños, relaciones clandestinas y amores ocultos que dejaron huella en los participantes.
Además, El Borrego revela su gusto por mujeres mayores y las experiencias que vivió como amante de señoras casadas, mientras Emanuel cuenta el difícil proceso de vivir con un trasplante de riñón y los problemas para conseguir sus medicamentos en el Seguro Social. El programa mezcla humor, picardía, reflexión y testimonios reales sobre dignidad, fidelidad y relaciones sentimentales.
Timestamps:
00:00 Apertura de El Diva Show y tema del día
00:30 Gustavo Arias confiesa ser “plato de segunda mesa”
02:00 El esposo sabía de la relación secreta
04:00 El Borrego y su polémico gusto por mujeres mayores
06:00 Emanuel relata su experiencia tras un trasplante de riñón
08:00 Historias de fidelidad, engaños y relaciones ocultas
10:00 Gabilán y las confesiones sobre relaciones con madres solteras
10:45 Lulú rechaza convertirse en la amante de un hombre casado
12:00 Florentino y Ariel revelan desilusiones amorosas
14:00 Cecilia y Berito hablan sobre dignidad y respeto propio
16:00 Reflexión sobre amor propio y aprender a decir “no”
17:00 Jerónima admite haber sido la otra “por decisión propia”
18:00 Paloma descubre que su novio policía era casado
20:00 Cierre del programa y últimas confesiones
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La Diva de México hosts an emotional and controversial episode focused on listeners who confess to being involved in secret relationships or becoming “second choice” partners. The show includes shocking stories involving married couples, hidden affairs, emotional manipulation and personal reflections about dignity and self-worth.
Listeners also share experiences involving older partners, complicated romances, health struggles, loyalty and heartbreak, while La Diva de México mixes humor, sarcasm and emotional commentary throughout the broadcast. The episode highlights real-life Latino relationship dynamics and viral call-in moments.
[00:00] – Apertura del programa y Caso 1: Gustavo Arias
Hablante 1 (Diva de México): Esto es el Diva Show, la diva de México. Aquí se ríe, se llora y se chismea con estilo. Si no está listo para escuchar verdades, mejor ni le des play. Sas culebra. Hola, buenas tardes. ¿Quién habla con ese sombrero puesto, con ese sombrero y esa camisa que se me figura que está bien caliente y bien gruesa? La camisa. Sí. La camisada. ¿Quién es?
Hablante 2 (Gustavo Arias): Habla su más ferviente admirador. Mi Diva, Gustavo Arias. Ya se me olvidó el día de...
Hablante 1: Gustavo, guapísimo cantante de mucho dinero. Arias. Gustavo, ¿usted ha sido plato de segunda mesa?
Hablante 2: Que si yo he sido plato de segunda mesa, ahí le voy a dar rating.
Hablante 1: Mi sas culebra, cuéntemelo todo.
Hablante 2: Sí, sí, sí. Sí, fui plato de segunda mesa cuando yo tenía como unos veintitantos, unos 22 años.
Hablante 1: Pero usted estaba consciente que era plato de segunda mesa.
Hablante 2: Ah, no, sí, sí, yo sabía.
Hablante 1: Claro, ese es el punto. Y ¿cómo fue esa dama? Platíceme todo. Santuiseña.
Hablante 2: Mire, es una historia un poquito larga de contar, este, pero en resumidas cuentas era una pareja que ya eran mayores. No puedo decir profesiones ni nada porque como decía su amada de usted o su abuelita...
Hablante 1: Decía mi abuela... todavía vive, así que no te puedo decir el nombre.
Hablante 2: No, no... no se puede. Pero de por allá, de donde yo soy, era una pareja y el señor este sufrió un accidente, entonces estaba en silla de ruedas. Era una pareja pues muy... sufrió un accidente y él quedó paralítico de la cintura para abajo y era una persona acomodada. Entonces, como yo tocaba con mi grupo en un bar, el más exclusivo que había en ese tiempo, una amiga me presenta a esta pues una mujer muy guapa, la esposa del señor que quedó en silla de ruedas.
Hablante 1: Exacto. Pero yo no sabía que estaba casada.
Hablante 2: Anda, vete. La vi yo hoy. Me la presentó esa amiga mía. Pues era mi amiga de ahora les dicen que amigobias, ¿verdad? Pero antes eran amigas con derechos.
Hablante 1: Ya. Sí, es cierto.
Hablante 2: Y entonces ella me presentó a esta señora; yo tenía como 22 y ella tendría, yo creo, como unos 28. Esas noches, al terminar yo de tocar, dijo: "Te invito a una copa". Ya nos tomamos una copa y para no hacer el cuento largo, cuando salimos yo traía un bochito, un carrito modesto, y pues ella traía un carro Spirit de los de aquel entonces. Ella dice: "No, vámonos en mi carro". Y nos fuimos en su carro. Y luego la amiga mía, que supuestamente íbamos a cenar los tres, me dice: "Okay, nos vemos en tal parte". Y ahí dejamos los carros. No, nos fuimos a ese lugar, pero mi amiga no llegó. Y ya dijo: "Ay, es que no llegó, vente, súbete". Y ya nos subimos y me llevó a una casa de campo que ellos tenían porque esta persona era de una familia acomodada. Yo traía mi guitarra y ella me dijo: "Tráete tu guitarra". Fuimos a ese lugar y ahí empezó algo, una como relación. Pero yo tenía miedo de decir: "Bueno, este lugar está muy bonito y aquí qué o cómo". Y ahí empezó siendo plato de segunda mesa.
[02:00] – El acuerdo del esposo y despedida de Gustavo Arias
Hablante 1: Es el tema de hoy. Tú has sido plato de segunda mesa. Ay, Gustavo. Una vez una señora me dijo: "Diva de México, ¿cómo le hiciste para ser tan bella?". Y le contesté: "Es que me tocó la parte que te correspondía a ti". Sas culebra, pobrecilla. Estás escuchando el Diva Show con la diva de México, guapísima y de mucho dinero. ¿En algún momento se enteró?
Hablante 2 (Gustavo Arias): Sí, él sabía. Estaba él sabía y es algo que ella le dijo a él. Después del accidente, él le dijo a ella que quería divorciarse y ella le dijo que no, que ella lo quería. Él era mayor que ella y le dijo: "¿Sabes qué? Pues yo ya no sirvo para nada, no quiero que tu juventud la vayas a estar viviendo conmigo".
Hablante 1: Gustavo, ¿y usted llegó a saludar personalmente al señor?
Hablante 2: No, nunca. La condición era de que él sabía, él quería que estuviera con alguien, pero él no quería saber con quién.
Hablante 1: Qué fuerte. ¿Y qué ha sido de esa dama ahora que han pasado tantos años?
Hablante 2: Mi Diva, pues eso fue hace ya 30 años. Yo me vine para Estados Unidos y ya le perdí la pista.
Hablante 1: Qué historia erótica. Gustavo Arias, te mando un fuerte abrazo y no te me vuelvas a perder.
Hablante 2: No, mi Diva. Saludo, un fuerte abrazo.
[04:00] – Caso 2: El Borrego y su vicio por las "viejitas"
Hablante 1: Gracias Gustavo Arias en el Diva Show. Prefiero provocar envidia que provocar lástima. Sas culebra. Borrego, estas señoras con las que has estado, ¿te has llegado a enamorar de alguna?
Hablante 2 (Borrego): Sí, fíjese, Diva. Ahorita yo vengo platicando de eso con una persona que viene aquí de copiloto conmigo. Uno se acostumbra a estar en la soledad, pero cuando uno empieza a agarrar una mujer y otra y otra, eso también se vuelve un vicio.
Hablante 1: Pero entonces tú has sido plato de segunda mesa, has sido el querido porque ellas están casadas. ¿Te has enamorado de alguna?
Hablante 2: Sí, yo me enamoré de una viejita. Es que esa viejita me hacía de tocho morocho. No más le gustaba bajarse al chivo y el problema era que cuando yo lo quería agarrar así como gente, era donde batallaba yo.
Hablante 1: Oiga, borrego. ¿Y esa señora dónde está? ¿Por qué no hacer vida con ella?
Hablante 2: Lo que pasa es que yo casi era como niñero de ella; para donde quiera que iba, yo tenía que traerla casi de la mano. Me daba todo, me salía pagado lo que yo le hacía, pero no me sentía a gusto porque dije: "Esta viejita un día se va a morir y capaz me echan la bronca que yo la maté". Mejor ahí nos vemos.
Hablante 1: Tengo una duda, borrego. ¿Por qué a usted le gustan las personas mayores? ¿Por qué esa obsesión?
Hablante 2: Fíjese, Diva. Hay mujeres bien jovencitas que prefieren hombres viejos porque uno les enseña de todo lo que ya sabe de la vida. E igual uno agarra una viejita y hay viejitas que, ¡hijo de la madre!, me dejan con la boca abierta. Se miran santitas, como que no rompen un plato.
Hablante 1: Pero te saben hacer muchas cosas ricas en la cama.
Hablante 2: Una vez una viejita me dijo: "Relájate y yo voy a hacer todo el jale". Me hizo de todo un poquito. Tienen mucha experiencia, pero aquí topan con piedra conmigo porque también yo tengo experiencia a lo bruto.
Hablante 1: Ahí está el borrego. Ha sido plato de segunda mesa, pero le han tratado como un rey porque las viejitas le dan de todo.
Hablante 2: Me llevan a restaurantes caros donde uno come puro caviar, de cinco tenedores. Hay que reconocer que las viejitas son bien reservadas, pero agarran algo bueno así como yo.
[06:00] – Caso 3: Emanuel, el trasplante de riñón y el seguro social
Hablante 1: Estás escuchando el Diva Show. A un hombre hay que llorarle tres días y al cuarto te pones tacones y ropa nueva. Sas culebra.
Hablante 2 (Emanuel): Diva, entre el seguro y el internet que se va, por eso no te marcaba. Es que no me querían dar las pastillas estas, el tacrolimus.
Hablante 1: Sí, me acuerdo. Platícale al público lo que tú has vivido y por qué tienes que ir al médico.
Hablante 2: Voy al médico cada mes al IMSS porque estoy trasplantado. El mes pasado no me dieron medicamento y me traían a vuelta y vuelta. Me les puse en las últimas porque no debo estar sin los inmunosupresores. Una hermana me donó un riñón; el 13 de marzo cumplí 8 años del trasplante.
Hablante 1: Y Emanuel, ¿quién te cuida cuando vas al médico a estar ahí sentado que se te borra la raya de tanto estar sentado en el seguro social?
Hablante 2: Las bancas son muy incómodas. Yo preferiría sentarme en el suelo. A veces me acompaña mi hermana, mi mamá o mi papá. Esas bancas están más duras y ya están guangas, flojas.
Hablante 1: Emanuel, ¿usted ha sido plato de segunda mesa?
Hablante 2: Una novia que tuve fue novia de mi primo. Después de que se dejaron, yo le hablé y me dijo que sí.
Hablante 1: Bueno, pero ella no estaba casada. Usted nada más llegó como que al postre. Emanuel, no te me vuelvas a perder nunca más.
[08:00] – Caso 4: El hombre fiel y Caso 5: El "segundón" engañado
Hablante 1: Estás escuchando el Diva Show. Tú has sido plato de segunda mesa.
Hablante 2: No, mi Diva. Bendito Dios, todavía no hemos caído tan bajo. Tómala, cachetona. Nunca he sido el otro ni el querido. Le cuento de mi esposa, ella es única. De morrillo yo era muy desgraciado, muy garañón, pero le pedí a Diosito que me la concediera y prometí portarme bien. Hoy la quiero mucho más. Nos tenemos mucha confianza; si ella tiene amigos o yo amigas, no hay problema, mientras no nos pasemos de allí.
Hablante 1: ¿Y no le dan celos?
Hablante 2: Celos todo el mundo va a tener, pero es cuestión de controlarlos y no mirar monos con tranchetes.
Hablante 1: ¿Usted ha sido plato de segunda mesa?
Hablante 2: Ah, yo pienso que sí. Yo andaba con una persona, según yo, pero después la miré en un carro con otra persona y resultó que yo era el segundón. Se siente feo. Yo no sabía nada, ella estaba jugando con dos.
[10:00] – Caso 6: Gabilán y Caso 7: Lulú (La dignidad ante todo)
Hablante 2 (Gabilán): Yo pienso que sí porque me rejunté con mujeres que ya tienen hasta niños, pues ya es tercera mesa, ya bien manoseada.
Hablante 1: La cadena del matrimonio pesa tanto que se necesitan dos para llevarla... y a veces tres. Sas culebra. Lulú, ¿tú has sido la querida de un señor?
Hablante 2 (Lulú): No, Diva. Querían que fuera la querida, pero mangos. Cuando me quedé sola, en mi trabajo había un señor que se portaba muy respetuoso al principio, pero luego empezó con que en su casa no lo atendían ni lo comprendían.
Hablante 1: Ya sé para dónde va.
Hablante 2: Le hablé claro: "Mire señor, usted está muy equivocado. Yo no ando recogiendo babas de nadie".
Hablante 1: Culebra al piso. Yo prefiero hablar bien de mí que hablar mal de los demás.
[12:00] – Caso 8: Florentino y Caso 9: Ariel (La venezolana y los domingos)
Hablante 1: ¿Tú has sido plato de segunda mesa, mi querido Florentino?
Hablante 2 (Florentino): Bendito sea Dios que no. No quiero jugar a las escondidas ni que me den las sobras cuando ella tenga tiempo. Yo vivo en mi propia burbuja con mi esposa.
Hablante 1: Pongamos la música triste. Aquí está con nosotros el despechado.
Hablante 2 (Ariel): Diva, yo anduve con una venezolana. Ella me dijo que ya se había dejado de su esposo. Salíamos los domingos y nos veíamos ratitos en las tardes. Podía llegar a su casa a las 4 de la mañana, pero nunca se quedaba conmigo. Hasta que un día me llamó nerviosa: le habían encontrado unos mensajes. Me confesó llorando que nunca lo había dejado, que le decía al marido que trabajaba de mesera en horas extras. Cuando me di cuenta, me aguanté porque estaba enamoradillo, estaba clavado.
[14:00] – Caso 10: Cecilia y Caso 11: Berito
Hablante 1: Cecilia, ¿usted ha sido plato de segunda mesa?
Hablante 2 (Cecilia): No que yo sepa. Un casado para mí es intocable.
Hablante 1: Pero dicen que en el corazón no se manda.
Hablante 2: Necesitaría que me engañara diciéndome que es soltero para que pasara.
Hablante 1: Berito, ¿has sido plato de segunda mesa?
Hablante 2 (Berito): No, mi Diva. No me gusta ser la segunda ni quitar las babas de otra. No me rebajo a pagar con la misma moneda; les doy un billete y hasta les regalo el vuelto.
[16:00] – Caso 12: Valor propio y Caso 13: Jerónima
Hablante 2: Diva, usted me ha ayudado tanto. Antes no sabía decir que no, para todo cedía. Ahora lo que quiero es paz personal. Si decir que sí me va a dañar o incomodar, la respuesta es no.
Hablante 1: Fíjate que no puedo. Y si quiero te doy la razón y si no, simplemente no puedo.
Hablante 2: Exacto. Como decía mi papá: primero está el número uno y después el número dos. Como yo soy el número uno para mí, por eso nunca soy plato de segunda mesa.
Hablante 1: Jerónima, ¿usted ha sido plato de segunda mesa?
Hablante 2 (Jerónima): Sí. Pero no sentí tristeza ni pena. Simplemente lo fui por decisión propia. Incluso hasta defendí a la esposa.
[18:00] – Caso 15: Paloma y el engaño del guardia
Hablante 1: Rafaela, buenas tardes. ¿Usted ha sido plato de segunda mesa?
Hablante 2 (Rafaela/Paloma): No nací para eso. Yo tuve un novio que trabajaba de vigilancia. Siempre me esperaba en la parada del autobús con una paleta "veromanita". Mi mamá no me dejaba tener novio, así que nos veíamos a escondidas. Un día, otro policía me preguntó si no sabía que él era casado, que su esposa y sus sobrinos venían a verlo. Cuando le reclamé, el muy descarado lo negó. Le dije: "Eres lo peor de lo peor".
[20:00] – Casos finales y Cierre
Hablante 1: ¿Tú has tenido una amante?
Hablante 2: No, Diva, porque me cuelgan. Me están escuchando al otro lado.
Hablante 1: Paloma, ¿usted ha sido la otra?
Hablante 2 (Paloma): Ay Diva, ¡pero si yo no sabía!
Hablante 1: Rosy, ¿has sido la querida de algún señor?
Hablante 2 (Rosy): No, Diva. He sido la querida solamente de mis baterías de pila, y hay de diferentes tamaños para escoger.
Hablante 1: Gracias por dejarme entrar hasta tu cocina, tu coche o tu corazón. Nos escuchamos pronto.